23• Despejado

30 de Junio de 2022 08:47

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Visitantes de otros rincones del tiempo - CRÓNICA

Visitantes de otros rincones del tiempo - CRÓNICA


Visitantes de otros rincones del tiempo

CRÓNICA: JOSÉ ANTONIO GURREA C./LALUPA.MX

FOTOS: ROCÍO RUIZ/LALUPA.MX


Nuestros mejores días han pasado de moda
  y ahora son
  escarnio del bazar,
  comidilla del polvo
  en cualquiet sótano  José Emilio Pacheco

Apenas piso la enorme tienda de antigüedades, ubicada a metros del kilómetro cero queretano (Plaza Fundadores), y los numerosos objetos venidos de otros rincones del tiempo provocan en mí una cascada de sentimientos y emociones.

Prácticamente a la entrada del establecimiento me topo con varios botes repletos de fotos familiares. Me acuclillo y comienzo a sacar imágenes color sepia o en ByN que muestran hombres y mujeres con modas y peinados de al menos hace 100 años (los 20’s del siglo pasado) detenidos en paseos dominicales, en vacaciones en el bosque o en la playa, en celebraciones de cumpleaños o en ceremonias religiosas (predominan bodas y primeras comuniones). Son fantasmas, son visitantes del túnel del tiempo.

Siento algo dificil de describir cuando observo esos rostros, tan llenos de vida, de personas que murieron hace ya muchos años. ¿Cuáles eran sus nombres? ¿A qué se dedicaban? ¿Dónde vivían? ¿Estuvieron alguna vez enamorados? ¿Tuvieron hijos? ¿Cuáles fueron sus sueños y sus ilusiones? ¿Murieron trágicamente o de manera tranquila? ¿Quién fue el pariente lejano o cercano que, sin miramientos, se deshizo de todas estas fotos, y las acabó vendiendo por dos bilimbiques al anticuario de la calle Venustiano Carranza? Nadie lo sabe y está claro que a nadie le interesa. Me viene a la memoria El olvido que seremos, la intensa novela del colombiano Hector Abad Faciolince:

Todos estamos condenados al polvo y al olvido […]. Sobrevivimos por unos frágiles años, todavía, después de muertos, en la memoria de otros, pero también esa memoria personal, con cada instante que pasa, está siempre más cerca de desaparecer.

Y, por supuesto, "Aquí. Hoy",  el poema de Jorge Luis Borges, de donde proviene el nombre de aquel conmovedor libro, donde Abad rinde homenaje a su padre, quien fue asesinado por paramilitares en la ciudad de Medellín en 1987:

Ya somos el olvido que seremos./ El polvo elemental que nos ignora/ y que fue el rojo Adán y que es ahora/ todos los hombres y que no veremos.

A un lado de los botes de fotos se halla una vasta colección tanto de cámaras antiguas como de reproductores de primitivos sistemas de video. Junto con las Kodak, las Agfa, las Leica sobresalen dos videocámaras de 8mm: una Kodak Brownie fabricada en la década de los 50 del siglo pasado y la Yashica U Matic G, que vivió sus mejores años entre finales de esa misma década y principios de los 60.

Ambas fueron desplazadas por las otrora célebres Súper 8, aparecidas a mediados de los 60. Hasta antes de este modelo de la Kodak, la creación de películas o videos con sonido requería de mecanismos independientes a la cámara, por eso fue sumamente innovador que con una cámara de pequeño formato se pudieran generar videos con sonido.


Los olores, las texturas, las atmósferas, me asaltan, me invaden. De nuevo se me abalanzan las preguntas sin respuesta: ¿cuántas personas habrán retratado esas cámaras? ¿Cuántas de las imágenes que observé minutos antes habrán surgido de estos lentes? Más aún: ¿cuántas vidas habrán cruzado por esos reproductores de 8 mm? ¿Cuál habrá sido su destino? ¿Habrá vida aún (y en qué condiciones) o todo será mero polvo cósmico? Le pregunto al anticuario si cuenta con algunos de los videos grabados por esos equipos, pero la respuesta es negativa.

Ya adentro, en uno de los salones de la vieja casona, se despliega frente a mis ojos una colección de numerosos objetos de guerra: cascos alemanes, gringos, franceses; insignias nazis, una granada de mortero sin detonar, herrumbrosa, oxidada, y hasta un teléfono de campaña soviético de la época de la Gran Guerra Patria (en occidente, Segunda Guerra Mundial), usado por los soldados de la hoz y el martillo para poderse comunicar con el cuartel general en plena batalla.

¿Qué nos contarían todos esos objetos de guerra si pudieran hablar? Por ejemplo: ¿cuántas vidas se salvaron cuando esa granada de mortero no estalló? ¿El teléfono de campaña (adquirido a través de una subasta de Sotheby’s) habrá estado en la liberación de Leningrado (hoy, San Petersburgo, la ciudad que resistió el bloqueo nazi durante 900 días)? Más aún: ¿habrá llegado hasta Berlín, donde se consumó la victoria sobre los germanos?

Paradójicamente, muy cerca de estos instrumentos relacionados con el absurdo de la guerra y la muerte, se halla una muestra abundante de juguetes y artículos infantiles. Objetos que relacionamos con la vida, con sus comienzos, con la esperanza del futuro, siempre tan trastocado por los afanes bélicos. Por ejemplo, una carreola de mimbre que el anticuario calcula fue fabricada entre los años 20 y los 30 del siglo pasado. Aunque sea muy improbable, si el bebé que se paseó en ese carrito aún vive debe andar rozando el siglo de vida, o incluso ya lo cruzó.

Hay más: sobre el mostrador principal, nos observan un "Gordo" y un "Flaco" de los años 20 del siglo pasado, un Charles Chaplin de la misma década y una brujita de 1900. Juguetes gringos. Los primeros, fabricados totalmente con madera; el segundo, 100 por ciento de porcelana; la tercera, de tela, pero carita, manos y pies fabricadas también con porcelana.

¿Quién o quiénes habrán sido los propietarios de estos muñecos? ¿Por cuántas generaciones de infantes habrán pasado? Se trata de niños que seguro hoy ya son ancianos o que incluso se despidieron del mundo de los vivos hace tiempo. Seres que muy probablemente ya son en la tumba las dos fechas: la del principio y la del término (Borges, dixit).

Y la belleza pasó rápida, como el modelo de los autos
y las canciones de los radios que pasaron de moda.
Y no ha quedado nada de aquellos días, nada,
más que latas vacías y colillas apagadas,
risas en fotos marchitas, boletos rotos,
y el aserrín con que al amanecer barrieron los bares.

 Ernesto Cardenal

Camino por los varios salones de esta casona del siglo XVIII. He tratado de describir algunas de las piezas que ahí se encuentran, pero, admito, me he quedado corto, pues son innumerables los objetos de todo tipo apilados uno sobre otro: relojes colgantes de madera que midieron otros rincones del tiempo; vitrolas con sus respectivos discos de 78rpm de pasta dura, donde los abuelos escucharon fox-trot y charleston; altares religiosos provenientes de capillas familiares de épocas coloniales; cajas registradoras de hace 100 años, cuando el consumo familiar se media en centavos; teléfonos Kellogg de 1903, cuando llamar por uno de estos aparatos al pariente cercano era similar a la experiencia de comunicarse a otra galaxia…

¿¡Cuántas residencias desmanteladas se encuentran aquí!? ¿¡Cuántos objetos largamente atesorados fueron malbaratados, quizá simplemente por falta de espacio, porque pasaron de moda, o tal vez porque descendientes o herederos no los supieron valorar!?

Carlos Rodríguez, el anticuario, nos dice que este tipo de negocios, que se heredan de generación en generación, se abastecen en subastas, en exposiciones, en venta de antigüedades -a veces presenciales, en ocasiones en línea-, pero son mayoría las piezas que llegan a través de particulares que se deshacen de éstas cuando abuelos o padres fallecen.

En el polvo del mundo se pierden ya mis huellas;
me alejo sin cesar.
No me preguntes como pasa el tiempo.

 Liu Kiu Ling

Antes de dejar la casona del anticuario, y salir a las calles queretanas también repletas de historia, volteó y, accidentalmente, mi rostro se refleja en uno de los espejos estilo Luis XV que proliferan en el lugar. No puedo evitarlo. JEP, de nuevo JEP (con quien comenzamos esta crónica) viene hacia mí, y como si fuera el mar "me sale al encuentro por todas partes":

Sobre tu rostro
crecerá otra cara
de cada surco en que la edad madura
y luego se consume y te enmascara
y hace que brote tu caricatura
.

LA TIENDA DE ANTIGÜEDADES "EL SITIO DE QUERÉTARO” SE ENCUENTRA EN VENUSTIANO CARRANZA 25, EN EL CENTRO HISTÓRICO QUERETANO.



Con información de: En La Lupa 

Estamos hablando de: #QRO